Como diría alguien bien instruido en algún momento de la historia, “la energía ni se crea ni se destruye”. Así pues ¿tan inverosímil resulta la idea de la reencarnación? No soy una persona creyente, ni un filosofo, ni un científico pero, sinceramente, creo que hay algo en cada persona que le hace distinguirse de sus congéneres.
Alma, conciencia, energía, muchos son los nombres dados a dicho elemento pero, sin duda, existe. Si es el alma, ¿Por qué desperdiciarla? ¿Por qué no introducirla en otro recipiente, pura y sin recuerdos, de nuevo? En el caso de la conciencia, habría antes que definir qué es ¿Es tan solo la suma de nuestras experiencias y de los estímulos de un entorno determinado? ¿O es, sin embargo, algo más, algo relacionado con un plano de existencia más transcendental? Sinceramente, no lo sé. Para mí, la idea más atractiva es la de la energía, una energía que nos mueve, que nos define. Entonces, si la energía ni se crea ni se destruye, si solo se transforma ¿no resultaría demasiado pretencioso suponer que esa “energía”, simplemente deja de existir? ¿Por qué no pensar, en cambio, que se recicla y pasa a formar parte del entorno o de otra entidad totalmente distinta?
No es mi intención, ni mucho menos, intentar cambiar el modo de pensar de cada uno, solo intento compartir mis “reflexiones” con aquel que esté dispuesto a escucharlas o, en este caso, a leerlas.